Lo que normalmente no ven los tacneños, en su propio departamento, son pocos los que puede experimentar esa cesación de acampar y poder observar el atardecer y amanecer a la luz de la naturaleza, sentir el viento mañanero rosar tu rostro y que el sol de la primera hora te despierte y abrigue también, una combinación de calidez, algo incomparable.
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